USTED SE SIENTE CONTENTO,
BIENVENIDO SEA AL INTENTO
Como el trovo, el cante y
las tradiciones están tan enraizadas en nuestro Campo de Cartagena, a
veces la afición de trovero no es tal sino que se ejerce casi como una
profesión, haciendo de "aperadores del lenguaje popular".
Trovero se nace, es la genética del discurrir poético y más tarde se
va puliendo el artista poco a poco, lo va encauzando la lectura, el
transcurrir de la vida, los conocimientos y la madurez que se adquiere
con el paso del tiempo.
Hay troveros más cultos, ya lo dice Zaplana en su obra " Para
hacer versos de altura / yo quisiera conseguir / en verso poder unir /
el ingenio y la cultura ". Los versos de altura requieren un mayor
aprendizaje, una mayor base intelectual, una dedicación más intensa a
la formación cultural y lingüística. Pero la cultura en el trovo, sin
ingenio ni sentimiento y sin esa inspiración innata, no va a ninguna
parte. El mejor trovero está en el punto medio, ni excesivamente lírico
ni demasiado vulgar.
Los troveros tienen esa "chispa" graciosa, ese doble sentido
tan característico del lenguaje español y del populismo cartagenero.
El pueblo siempre ha querido oír de sus bocas esas palabras llanas,
pero que mantengan una cierta gracia y un moderado nivel intelectual. No
se trata de lanzar frases, sino de enlazar pensamientos, de bordar
sentimientos, de ser gracioso con arte, de redondear el trovo. No es
trovero quien quiere sino quien puede. Hay una escuela trovera de la
Asociación José María Marín, en la Palma, y acuden alumnos a ella,
pero seguro que todo el que se acerca no sirve para este cometido.
Son habituales las reuniones entre troveros, en casas particulares, con
los frutos secos y el porrón para acompañar la inspiración. Buenas
tertulias, compañerismo, en las que surge la genialidad. Antes, cuando
D. Miguel Luengo, Archivero Mayor del trovo, recopilaba veladas y
eventos sobre el tema, quedaban recogidos muchos de estos encuentros,
pero ahora se ha perdido esta dedicación y con ella una oportunidad de
conservar lo mejor de cada momento inspirativo.
Es raro que se celebren las fiestas patronales de alguna localidad de
nuestros campos y que no entre en su programa de fiestas una velada
trovera. Es la cultura de nuestra tierra levantina, y a las veladas
acuden los aficionados a decir un olé cuando la cuarteta sale bordada.
Pero el mundo del trovo no se limita a esto solamente, porque los
troveros están relanzando su arte, en los colegios y en otros foros,
acudiendo a la llamada en múltiples eventos en los que se quiere contar
con ellos, para mostrar a destacados personajes invitados que aquí se
hace y se siente el trovo como algo muy nuestro y que se hace con maestría.
Se lleva el trovo fuera de nuestras fronteras, a Italia, a Cerdeña,
etc, y siempre deja, allá donde se escucha, la admiración en los
espectadores por ese arte improvisador.
Además, estos "alquimistas" del lenguaje rimado se cartean y
envían composiciones, felicitándose la Navidad, agradeciendo
invitaciones, elogiando una publicación, respondiendo a un aficionado,
y por supuesto acceden a componer cuando una persona les solicita un
encargo para dedicarlo a alguien en especial o con motivo de un
determinado acto. Se convierten en "escribanos del sentimiento
ajeno", pues ponen su sentir en boca del que realiza el encargo. De
todo ello vamos a ver una pequeña muestra en las páginas que siguen a
continuación.
Del sentimiento del
pueblo surge el repentista. En Balsapintada Juan Franco, en Fuente Álamo
el Lotero, en Torre Pacheco, Gregorio Madrid, y en la Palma el gran Jose
MAria Marin, el padre del trovo. Después surgen una serie de grandes
troveros : Cantares, Picardías, CAstillo, y una tercera generación,
Angel Roca, El Palmesano, el taxista, Conejo II, Roca II, el Baranda,
Diego Ortega el Molinero, Antonio Sánchez Marín,
Si Marín fue el sembrador
del trovo cartagenero,
Cantares fue espigador
y segador fue el Lotero.
Y Roca
fue el molinero,
que molió versos de amor,
dando caudal al venero
y dando al trovo esplendor.
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Andrés Pedreño,
Juan Franco.. más que buenos aficionados.

José Moreno, el Lotero, trovero de
Fuente Álamo, recibiendo un premio de manos del alcalde de la Unión. |
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