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RELIGIOSIDAD Y DEVOCIÓN POPULAR |
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El hombre ha precisado desde siempre, entre otras
cosas por su vulnerabilidad y temor existencial, el apoyo en las
creencias, en un ser sobrenatural, en
un Dios o dioses a los que invocar y respetar. Los pueblos
primitivos, los iberos, los romanos tenían sus divinidades, sus
amuletos, exvotos, objetos a los que rendían culto. En las
investigaciones arqueológicas de yacimientos ibéricos y romanos han
aparecido terracotas simbolizando maternidades, amuletos fabricados de
bronce, piedras talladas correspondientes a altares, etc. En la
época de dominación musulmana, los pobladores de la zona seguían las
costumbres de su religión y acudían a celebrar el sábado festivo en
una pequeña mezquita oratorio situada en las cercanías del camino a
Murcia. Según los textos antiguos existía al parecer, en mitad de
estos campos, probablemente cercano a la carretera general, a la altura
de Valladolises, un oratorio o mezquita al aire libre (al
musallá). Hoy, en un estado aconfesional y con pluralidad y
libertad religiosa, coexiste la mezcla de cultos religiosos debido a la
llegada de numerosos inmigrantes, sobre todo de religión islámica. Al
igual que en aquellos siglos del repartimiento en los siglos XIV y XV,
donde convivían cristianos, mudéjares y judíos, como grupos de
ideología religiosa distinta y que el Santo Tribunal de la Inquisición
persiguió con tremenda injusticia.
Con la reconquista cristiana llegaron los primeros pbladores,
pero la asistencia espiritual de las gentes del campo estaba dejada de
la mano de Dios. Frailes y religiosos de los conventos de Murcia,
Cartagena o Fuente Álamo pasarían por estos lugares impartiendo la
enseñanza de la doctrina católica. Existían pequeños caseríos,
casas de labor aisladas, sin el mínimo atisbo de núcleo de mediano
tamaño. Los campesinos seguían su devoción y hacían sus oraciones
ante los objetos religiosos de fabricación casera o comprados a
comerciantes ambulantes, como eran las cruces o medallas. Al igual que
en la actualidad, se tenían en las casas cuadros de santos, medallas,
cruces de Caravaca, que al menos permitían a
los campesinos un cierto espíritu de fe y de esperanza para
poder afrontar los terribles azotes de las plagas, epidemias y
enfermedades de aquellos siglos. La mujer campesina suele ser ferviente devota y el hombre también, aunque piense que esos menesteres son cosas de beatas. El hombre va poco a misa y otras funciones religiosas, pero hay algunas celebraciones en el campo en que el elemento masculino está presente por encima de todo. Entre esos días escogidos, el del Patrono o Patrona, y los días de Navidad, y por supuesto si hay procesión, porque él está para llevar el Santísimo bajo palio, o a la Virgen en su trono engalanado, y para llevar las palmas y olivos el domingo de Ramos. El campo está plagado de tradiciones religiosas, de santos y jaculatorias, de mujeres que solitarias y en viudez han tenido que fortalecer su fe ante la adversidad de un medio inhóspito, de sequía, enfermedad y plaga. Las procesiones marítimas en la costa, los Alcázares, la Ribera,
los Urrutias, las procesiones de Semana santa en el interior, como la
del Encuentro en Fuente Álamo. Los novenarios, quinarios, dias de la
Candelaria, Miércoles de ceniza, rosarios, Viacrucis, etc, han sido la
tónica de un pueblo campesino temeroso y esperanzado en la ayuda que
viene del cielo. Procesión del Encuentro el domingo de Resurrección en Fuente Álamo. 1963. |
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![]() Novenario a S. Agustin. Fuente Álamo 1958 |
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San Isidro, con la yunta de bueyes y el ángel,
es una de las imágenes de mayor veneración en el campo. Es el patrón
de los labradores. Imagen de la ermita de los Ríos en Lobosillo.
Es una de las estampas religiosas tradicionales de este puerto pesquero, al igual que los desfiles pasionales de la Semana Santa, procesión del Jueves Santo, con la Cofradía de pescadores.
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