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 El agua y sus técnicas de uso

   

AGUA PARA BEBER/ AGUA PARA REGAR/ AGUA PARA VIVIR

El agua, ese elemento natural que sobra en unos lugares y va al mar de los horizontes perdidos, y que por el contrario escasea en otros sitios, tanto que el que la posee o la encuentra es un privilegiado. 

El campesino, desde los más remotos tiempos, ha buscado en el Campo de Cartagena, fuentes y manantiales que remediasen su necesidad. En la Edad media se hablaba de la fuente de la Pinilla, fuente del Algarrobo, fuente del Mingrano, nacimiento del Pericón, fuente de el álamo, veneros subterráneos que emergían a la superficie, y cuyas aguas eran de calidad para beber. Se instalaron junto a ramblas, en los cursos de agua que no eran permanentes, y abrieron pozos de las aguas superficiales a una profundidad de unos 20 mts. Pozo de los Palos, Pozo Andreo, Pozo Estrecho, Pozo Ancho, Aljibe Menado, Pozo Dulce (Miranda), son topónimos que perduran en la actualidad, reflejo de los numerosos pozos que existían en esas épocas remotas. Los romanos construyeron pluvium, los árabes construyeron aljibes, para recoger el agua de lluvia, de la escasa lluvia del sureste cartagenero, pero que bien administrada les servía para aguantar hasta las próximas lluvias. Aljibes de arrastre, de bóveda de media naranja o semiesférica, y de bóvedas de cañón. El brocal del pozo con la garrucha, la cuerda y el pozal, los aguadores con los cántaros en las alforjas de los pollinos o mulas, o con los carretones y los cántaros, eran una imagen típica de estos campos hasta mediados del siglo XX.

Si no había agua la inventaban y la buscaban allá donde estuviese. Para eso estaban los zaoríes, buscadores de agua, que dicen ellos que poseen una intuición especial y notan modificaciones energéticas cuando se colocan sobre un curso de agua subterráneo. Y para eso estaban los poceros, que a mano, con la barrena y el capazo y la garrucha subían la tierra a la superficie y excavaban 20  y 30 mtrs hacia abajo para dar con el venero. Después llegaron las máquinas que hacían pozos artesianos de un centenar de metros y lo que se quiera horadar hacia abajo.

Si nadie ha vivido el secano no es capaz de comprender la alegría de un chorro de agua saliendo de las entrañas de la tierra después de semanas o meses de perforar y no encontrar nada más que areniscas o barro. 

 

En los años 50 del siglo XX, llegaría el agua del Taibilla, canales que irían abasteciendo de agua potable, a través de sus redes de conducción, a estos campesinos sedientos. Abrir el grifo y dejar en el olvido esos pozales o cubos, de madera o de estaño fue un gesto histórico para el Campo de Cartagena. Se acabaron las tinajas de agua fabricadas en Totana, y las cetras para sacar el agua de esas vasijas. Progresivamente, en los municipios de Cartagena, Fuente Álamo, Torre Pacheco, etc, irían haciéndose las obras de conducción y acometida, acabando así con una lucha inmemorial contra la escasez de agua potable, a pesar de los vanos intentos desde el siglo XV y posteriores en traer agua desde lugares lejanos como el proyecto de los ríos Castril y Guardal.  

El agua es el motor del progreso y la supervivencia y los hombres y mujeres de esta comarca del secano han luchado históricamente por obtenerla, por usarla con exquisitez y cuidado, hasta llegar a los años 80 en que el trasvase Tajo-Segura ha permitido reflotar la economía agraria de la zona. 

Balsa de origen romano y posterior utilización por los árabes, en Balsapintada. Fuente Álamo.


Aljibe en  Miranda

En estos secanos, el agua nos ha venido, a lo largo de los tiempos, de muchas maneras:

o bien paseando tranquilamente por el canal del Trasvase

o en costumbres revueltas con los aluviones y las aguas turbias de la rambla

o con la presión del geiser cuando se ha perforado la losa de piedra que la aguantaba en el subsuelo

El caso es que siempre ha sido bien recibida, como norma.

Las antiguas carreteras de piedra se veían acompañadas de estos pequeños bastiones realizados con bloques de piedra de tabaire. Eran los sifones de agua de riego, para que el agua de la acequia cruzase la calzada por debajo, sin impedir la circulación.


Pozo de piedra de la Torre del Escribano en el Algarrobo. Mazarrón-Fuente Álamo


Pozo artesiano de la finca de Diego el Recovero en Miranda. Años 1920

Aljibe de "sombrero de bruja" en los Vidales de las Lomas de Albujón


Aljibe de bóveda de media naranja. Miranda

Aljibe de bóveda larga o de medio cañón. Torre Pacheco. La Hortichuela

Garruchas de pozo, en la Magdalena


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